El compromiso, la lealtad

Uno empieza un nuevo trabajo y todo es hermoso, buena plata, compañeros creativos, el jefe cae bien, un lugar que ofrece mil oportunidades, está uno seguro que desde allí va a prosperar.

Para llegar se hacen pruebas, entrevistas, se firma un documento con clausulas de exclusividad y de confidencialidad. Hay compromiso, hay lealtad.

En unos meses, tal vez, en unos años, ese trabajo ya no es tan bueno, la rutina mata, se cumplen ciclos. Pero el documento sigue ahí con sus clausulas de exclusividad y de confidencialidad. Hay compromiso. Sin embargo, se empieza a buscar otra cosa, a decir mentiras para salir a entrevistas.

Se olvida porque se aceptó el trabajo que ahora se odia, tal vez nunca se supo, era solo por hacer el dinero para vivir, por prestigio, por ego, por cambiar de ciudad, por la adrenalina, porque sí.

Se encuentras otro lugar para huir del sitio que en primera instancia se amó. O no se encuentra, pero igual, se es tan infeliz que se prefiere una tumba en la casa. En cualquiera de los dos casos, se agradece lo aprendido, o se crean rencores. Se termina el contrato, ya no hay compromiso.

Otro trabajo: “¿de dónde vienes?”, se habla bien o mal del lugar en donde se estuvo. Se olvidan las clausulas de confidencialidad que amparan un tiempo más allá del contrato que se firmó, ya no hay lealtad, tal vez nunca hubo ¿por qué hay que ser leal?

El nuevo trabajo es maravilloso, pero a los dos meses no se pasó el periodo de prueba, ya no hay proyecto, el presupuesto no está.

Luego de muchos meses, citas a almorzar con la gente de ese odioso trabajo que un día (al inicio de este post) se hizo realidad. De cinco convocados llega uno, que cuenta que todo está bien, igual, nada ha cambiado, los problemas siguen siendo los mismos, y es el único que dice: “ni se aparezca por la oficina, allá supieron todo lo que dijo cuándo se fue” o pregunta: “¿qué se siente trabajar con la competencia?”. 

Entonces se ha cerrado una puerta, no importa ¿qué más da todo el compromiso adquirido?. Al poco tiempo hay otro trabajo, empezar de nuevo, una nueva vida ¿no era eso lo que se quería? Luego de tres trabajos ¿en serio se sabe qué se quiere?

Las relaciones entre humanos son exactamente iguales. 

Hay quienes decidimos querer como ese día que empezamos, guardar lealtad así no esté el otro. Se supone que que sabemos qué es el compromiso.

Luego de muchos meses, citas a almorzar con la gente de ese odioso trabajo que un día (al inicio de este post) se hizo realidad. De cinco convocados llega uno, que cuenta que todo está bien, igual, nada ha cambiado, los problemas siguen siendo los mismos, y es el único que dice: “ni se aparezca por la oficina, allá supieron todo lo que dijo cuándo se fue” o pregunta: “¿qué se siente trabajar con la competencia?”. 

Entonces se ha cerrado una puerta, no importa ¿qué más da todo el compromiso adquirido?. Al poco tiempo hay otro trabajo, empezar de nuevo, una nueva vida ¿no era eso lo que se quería? Luego de tres trabajos ¿en serio se sabe qué se quiere?

Las relaciones entre humanos son exactamente iguales. 

Hay quienes decidimos querer como ese día que empezamos, guardar lealtad así no esté el otro. Se supone que que sabemos qué es el compromiso.

 



deceitfulyouth:

They must be taken internally



Rana Berden: astros y limitaciones y otras cartas de la baraja

ranaberden:

El reto es limitarnos, limitar, ser limitados. Las causas son infinitas, como las estrellas mismas. Este nuevo teclado no me deja poner acentos. El ejercicio implica frases cortas. Lo mismo pasa con Miguel, que no acepta, que de hecho, rechaza, con la fuerza de sus cuatro agostos, cualquier…



Sobre las relaciones

Una relación con otro ser humano es una tarea titánica que nunca termina y para la cual no existe una fórmula. Sin embargo, seguimos creyendo que sí las hay, que los arquetipos que nos vende la industria cultural son representaciones de lo humano.

Es prácticamente imposible mirar el cosmos por el ojo de una cerradura, o representarlo con técnicas de actuación aprendidas de Oswaldo Ríos.

Este ha sido un tiempo de relaciones, de entradas, de salidas, de afianzadas, de conocer, de empezar, de modificar, de aprobar, de cerrar ciclos, de saber lo que se quiere (por fin), de dejar a un lado lo que no aporta (con lo mal que eso suena), y, de quedarse con muy pocos recuerdos. 

Antes me esforzaba mucho por tener a quienes entraban en mi vida felices, por complacer, por mantener la atención. Ahora me esfuerzo mucho por no dejar entrar a todos en mi vida, por darme cuenta de que es una entrada que debe ganarse y que requiere mucho más que un par de buenas charlas o unas promesas de nuevos planes. 

Es tocar la puerta, ser firme en la intención. 

30 años después, ese es el precio de entrada a los pocos huéspedes de este motel, en el que se ha convertido mi corazón.



El doctor Vogel, dentista, terminó de examinar a una hermosa y joven paciente. “Señorita Baseman - le dijo -, me temo que voy a tener que sacarle las muelas del juicio!”

-¡Dios mio!- Dijo ella -, ¡Preferiría quedarme embarazada!

-Bien- contesta el doctor Vogel, ¿podía decidirse para que pueda yo poner la silla en la posición adecuada?

Leído por ahí